CUENTOS, MITOS Y TRADICIONES | PRIMER VIERNES DE MARZO

Por Juan Iván Salomón

Nació Yaretzi López un 29 de febrero y su anterior cumpleaños lo celebró en Catemaco, en un hotel con vista al precioso lago al que la mayoría de la gente llama laguna. Planeaba aprovechar el viaje para asistir a los ritos místicos del primer viernes de marzo en el Cerro del Mono Blanco, sobre todo a la misa negra. Y no fue.

Este año pretende regresar pero siente miedo y les explicaremos el porqué.

La vez pasada, poquito antes de saberse de la pandemia,  canceló su asistencia a la misa negra a pesar de que en el hotel le habían brindado todas las facilidades para que fuera.

Como buena profesora, había investigado a fondo sobre los mitos y tradiciones de la región, el nombre del brujo mayor y cómo se llevaba a cabo la mágica ceremonia. Estaba emocionada y se aprendió al pie de la letra la historia del más famoso de los chamanes de la zona, un tal Gonzalo Aguirre Pech, que vivió en el siglo pasado. Él mismo presumía haber pactado y ofrecido su alma al diablo a cambio de poderes terrenales.

Había tiempo suficiente para pasear por el lago, visitar Nanciyaga,  la Laguna Encantada, Zontecomapan, Eyipantla y Montepío. Era sábado y la ceremonia en el Cerro del Mono Blanco empezaría a la medianoche del jueves  para amanecer viernes, según le dijeron a Yaretzi. A buena hora se durmieron. Las jornadas serían extenuantes en los siguientes días.

Esa primera noche en Catemaco, 29 de febrero, Yaretzi experimentó un sueño perturbador. Soñó que en otra vida había sido hija del brujo mayor, Gonzalo Aguirre, y que debido a eso había reencarnado y nacido en año bisiesto. Y que esa noche en el Cerro del Mono Blanco, durante un aquelarre, iba a heredar los poderes sobrenaturales de su padre. Según el sueño, se encontraba en oscura caverna apenas alumbrada por decenas  de cirios, rodeada por siniestros encapuchados que cantaban en ininteligible y ancestral idioma, sacrificaban un chivo y una gallina negra y bebían la sangre. La misa negra era encabezada por el mismísimo hechicero Gonzalo Aguirre Pech.

Despertó gritando horrorizada y bañada en sudor. La temperatura le había subido a 38 grados. Como pudieron sus padres le bajaron la calentura.

Tan pronto amaneció, desocuparon las habitaciones y regresaron a Xalapa. Por más que sus padres intentaron calmarla explicándole que había sido una simple pesadilla, se negó a permanecer en Catemaco y canceló todas las actividades programadas.

Ahora, más tranquila, piensa retornar este próximo primer viernes de marzo a Catemaco para sacarse la espina, pero abriga cierto temor e invita a este valiente columnista para que la acompañe  y le infunda valor.

Lo que la crush ignora es que este valiente columnista tiene más pavor que ella. Esto último es broma, sí iremos y les platicaremos cómo nos va en la misa negra del Cerro del Mono Blanco, amigas y amigos que nos hacen el favor de leernos.

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